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KENIA Y LA CORRUPCIÓN COMO MODELO DE GOBIERNO

Si bien la historia de John Paul Mwirigi y su humilde campaña contra los ricos y poderosos puede sentar un precedente en la historia de la política de Kenia, el suyo es un país en el que la corrupción sistemática se ha convertido en un sistema de gobierno, hasta el punto de que en las paredes de todos los departamentos de la Administración que trabajan de cara al público se pueden leer carteles que rezan: “Esta oficina está libre de corrupción”.

Por JOSE PARRA
Por VÍCTOR ESCRIBANO

Cualquier procedimiento burocrático se puede acelerar con unos cuantos chelines entregados bajo cuerda en Kenia, donde es imposible escapar a la cotidianeidad de los kitu kidogo (“pequeños sobornos”) instaurada por las autoridades del país. Pese a que el Gobierno ha impulsado reformas en los sectores más afectados, como la Policía (institución más corrupta del país, con más del 43 % de los sobornos) y la Justicia, estas medidas no parecen estar dando fruto. Y lo que es peor, el 90 % de estos casos no fueron denunciados ante la falta de una autoridad competente a la que dirigirse, según datos del Índice de Sobornos en África Oriental.

La impunidad de la que gozan los corruptos se entiende mejor si se tiene en cuenta que entre 2012 y 2015, la Justicia solo condenó a tres personas acusadas de corrupción de las 9.000 que fueron denunciadas.

Las sospechas de corrupción han salpicado incluso a las elecciones presidenciales, anuladas finalmente por el Tribunal Supremo en una sentencia histórica sin precedentes en el resto de África tras las constantes denuncias de la oposición, que calificó los comicios de “fraude” a causa de las irregularidades y de un supuesto ataque informático que habría generado una ventaja constante a favor del actual presidente, Uhuru Kenyatta.

Y es que el Ejecutivo no escapa de la corrupción, o no quiere escapar: la ministra de Asuntos Exteriores, Amina Mohamed, fue señalada en un informe de la Auditoría de Cuentas por el desvío de más de 20 millones de dólares de los fondos de cooperación internacional. Sin embargo, Kenyatta no solo desoyó el informe, sino que impulsó este mismo año la carrera de Mohamed hacia la presidencia de la Unión Africana, aunque finalmente no se hizo con el puesto debido al recelo que despierta entre sus colegas extranjeros.

Y un dato en concreto revela que la victoria de John Paul Mwirigi, un candidato sin dinero ni apoyo del poder, en su carrera hacia el Parlamento es absolutamente extraordinaria: una encuesta del East African Institute aseguró antes de las elecciones que el 62 % de los jóvenes del país se declaraba dispuesto a dejarse sobornar en los comicios, y un 40 % solamente votaría por el candidato que le pagase.

Pieza informativa sobre la corrupción en Kenia. / Cortesía de NowThis World

Manifestación contra la corrupción en Nairobi. / Ben Curtis (AP)

Carteles en manifestación contra la corrupción en Nairobi. Foto: Voice of America

El vicepresidente de Kenia, William Ruto, da la bienvenida a Mwirigi en el Parlamento. / Standard Digital

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